Amanecer

Amanecer

sábado, 28 de octubre de 2017

AQUÍ



Si tengo que desplazarme un solo centímetro 
 o esperar un solo segundo
para encontrarme con lo que soy,
eso que busco no es fiable, consistente ni real.
Si eso que anhelo no está aquí ahora,
aunque lo encuentre, me sentiré insegura o temerosa de perderlo.
Eso que busco no requiere
el más mínimo movimiento, la más mínima acción, el más mínimo cambio.
Eso es, ahora y siempre.
Sólo necesito aquietarme y  permitirlo.

"Aquiétate y conóceme: yo soy dios."

Cuando acepto renunciar a toda búsqueda  o esfuerzo
por encontrar algo que me parece que no está aquí;
cuando me detengo y siento la intimidad con todo lo que es ahora,
descubro que, más allá de lo que se mueve,
más allá de lo que aprieta y duele,
pidiendo urgente atención,
hay sólo quietud, espacio sin límites, vida, amor por todo.

Es un gesto de valor detenerse, cierto.
Y asumir nuestra propia vida por fin,
en lugar de buscar paliativos fraudulentos.
Pero llega un momento en el que reconozco que no hay más camino.
y dejo de engañarme con otras posibles estrategias.
La verdad se muestra en su abierta desnudez
y descanso en lo que es y siempre ha sido,
mi verdadero ser:
Vida que lo sostiene todo,
consciencia que todo lo contempla
amor que todo lo abraza.

Y las incontables formas que van y vienen
surcando ese espacio de presencia silenciosa.
Esas en las que invertí mis esfuerzos y malgasté mi energía,
perdiéndome en solucionarlas,
ahora me muestran su tesoro: devolverme al espacio en el que surgen
y reconocerme en esa amplitud radiante que las contempla.

Y surge un anhelo de dedicación a esa abierta amplitud,
de permanecer en ella,
de no perderme en la búsqueda de objetos o situaciones 
con los que me suelo olvidar de ella, de mí.

De recordar día y noche
que la luz que me permite ver,  sentir o pensar  los objetos de mi mundo,
es el sol de mi corazón,
mi verdadero hogar.,
mi origen y destino,
mi eterno ahora.

lunes, 23 de octubre de 2017


EL REGALO DEL PRESENTE


En los últimos años se ha extendido, y se escucha por doquier, una llamada a vivir en el momento presente. Y, seguramente lo has experimentado, desde nuestra pequeña mente condicionada, surge una resistencia: "Pero, ¿qué hay en el momento actual que lo hace tan valioso? Cuando me detengo, sólo encuentro sensaciones, sonidos, agitación o prisa, muchos pensamientos...Cosas que en absoluto me parecen extraordinarias, sino más bien aburridas o anodinas..."

Esto dice mente buscadora de sensaciones extraordinarias, de emociones, de novedades...Y, claro, en  el presente no se suele encontrar nada de eso. De ahí su decepción y su salida urgente del momento para seguir buscando algo más allá, más adelante, algo más excitante y que suponga un cambio.

Y tiene razón, desde su perspectiva centrada en las "cosas", en las emociones, en los sucesos o personas que van y vienen, el presente no ofrece normalmente nada espectacular. Sin embargo, no es en los contenidos del momento donde se encuentra su regalo. (Presente o regalo, son sinónimos.)

Miremos más profundamente. Si te detienes a experimentar este instante tal y como es, en seguida se presentan sensaciones repartidas por tu cuerpo, escuchas sonidos, aparecen quizás emociones molestas y seguramente, pensamientos muy diversos se pasean pronunciándose, anticipándose o recordando...

Todas esas "cosas" son lo que son, formas de la vida en movimiento. Pero observa: están siendo notadas, sentidas, aceptadas en su fluir.. Incluso puedes notar esa tendencia a despreciar este momento, a buscar otra cosa... Hay una capacidad para todo ello, un espacio amplio que permite sus idas y venidas y las contempla. Ese espacio...¿está en el futuro? ¿Pertenece al pasado? No, es AHORA: el único instante en que eso es experimentable. Esa amplitud que observa y permite, es lo que tú eres, pura consciencia abierta y serena, vida absolutamente estable que abraza  todo lo que va y viene.

Ese es el regalo del momento presente. No las cosas que contiene, sino la capacidad que ellas nos revelan al ser contempladas: nuestra naturaleza profunda, sin límites, sin nombre, sin forma ni color, pero absolutamente real.

Para la pequeña mente esto no es nada valioso ni significativo, pues ella misma es una de estas cosas que pueden ser observadas con sus juicios. Cuando te das cuenta, ya te has situado más allá de ella. Sólo desde ahí, puedes valorar este inmenso don que contiene el único instante en el que tu vida sucede. Este.

sábado, 30 de septiembre de 2017

SER   LIBRE


"Yo hago lo que quiero", "soy libre de decidir lo que me parece", "a mí nadie me condiciona"...
Estas frases, tan recurrentes, expresan el modo en que ese "pequeño yo", con el que nos confundimos, entiende la libertad. Es la libertad del hacer y está referida a los objetos, relaciones y situaciones con los que se maneja cotidianamente y que constituyen su mundo.
En ese ámbito, en el mundo de las formas, las cosas y los sucesos que van y vienen, no existe en realidad la libertad, y esto es duro de aceptar para el personaje hacedor con el que nos vivimos identificados.
 Podemos creer que decidir esta opción en vez de aquella me hace libre o que desoír las imposiciones de alguien y hacer lo que deseo expresa mi libertad. Y, en cierto modo, es verdad que experimentamos un gran alivio cuando no dejamos guiar nuestras vidas por referencias ajenas. Pero, ¿podemos estar seguros de que al actuar sin esas influencias externas no estamos siendo condicionados por nuestra propia genética, nuestra educación, nuestro bagaje mental o emocional, las experiencias del pasado...?
¿No hemos tenido mil veces la evidencia de que, por muy claras que veamos las cosas y decidamos cambiar nuestras actuaciones, una y otra vez volvemos a repetir los mismos patrones y a juzgarnos por ello?
Y es que la libertad verdadera no reside ahí, en el mundo del hacer. La libertad que anhelamos surge de un espacio más profundo y no tenemos que conseguirla con actos ni esforzados intentos. No hay que lucharla ni conquistarla.


Es la libertad del SER. Nacimos de ella y en ella discurre nuestra agitada vida de la superficie, sin darnos cuenta de ese telón de fondo inmenso que nos contiene.


La libertad del ser la experimentamos cuando reconocemos nuestra naturaleza espaciosa y contemplamos desde ella el incansable ir y venir de los objetos sin aferrarnos a ellos ni rechazarlos. 
Desde ese contacto con lo real reconocemos que no tenemos que hacer nada con ninguna situación, persona o circunstancia para sentirnos libres. Sabemos que  no necesitamos ni siquiera erradicar ningún pensamiento ni luchar internamente contra ninguna emoción para, por fin, experimentar la paz. Podemos también observar nuestro condicionamiento inevitable mientras descansamos en un espacio más amplio y profundo, sin definirnos  por nuestras actuaciones. Fundidos con nuestro SER, dejamos de depender de lo que sucede para extraer de ello nuestro bienestar o malestar...Sólo desde ahí la libertad es auténtica.


“La verdad os hará libres”, decía Jesús. Y...  ¿qué es conocer  la verdad sino sabernos uno con la vida, más allá de todas las modulaciones y cambios de las formas en que se expresa?
Eso no significa que no hagamos nada, que dejemos de actuar, que aguantemos situaciones de opresión o limitación en  el mundo de lo concreto... ¡No! Precisamente del arraigo profundo en nuestra amplitud, surgen las mejores actuaciones, decisiones e iniciativas alineadas de forma natural con nuestra felicidad. Simplemente porque sabemos que no dependemos de ellas para ser felices ni libres, nuestra lucidez y serenidad nos guían de un modo espontáneo e intuitivo.

miércoles, 27 de septiembre de 2017

TODO ESTÁ EN TI



"Todo está en ti", "No busques fuera", "El amor , la felicidad, la paz están dentro de ti"...Tantas veces hemos escuchado frases como estas, que casi se han convertido en tópicos y ni siquiera nos detenemos a contemplar lo que expresan. Suena bonito, algo así intuimos y, si así lo dicen ... así será.

 A veces, sin embargo, este tipo de afirmaciones, resultan difíciles de entender. Pueden generar incluso una reacción de rechazo en momentos de sufrimiento en los que deseamos con fuerza que algo o alguien ahí fuera calme nuestro malestar o nos anime prometiéndonos una situación mejor en el futuro.

Mientras sigamos considerándonos un pequeño yo, separado de todo lo demás, limitado a un cuerpo, lo único que encontramos "dentro" es carencia, soledad, vacío y necesidad. Y es natural que no sintamos en nuestro interior esa supuesta plenitud, imposible en límites tan estrechos. Precisamente por eso es por lo que nos convertimos en buscadores de felicidad en los objetos, las relaciones o las situaciones.

"Mira dentro de ti, en ti está todo", escuchas que te aconsejan, pero cuando miras, sólo encuentras desolación o miedo. Y concluyes que eso no es verdad, cerrándote a ese tipo de aserciones aparentemente tan espirituales y bienintencionadas pero que no resuenan para nada con lo que estás sintiendo.

Tienes toda la razón. Desde donde estás ahora mismo, eso no es verdad para ti.

Está bien empezar por ahí. Estás sufriendo, lleno de frustración, de dolor o de rabia...Y todo eso que vives puede ser la puerta  para abrirte a una perspectiva diferente. De hecho, esa es la gran invitación: detenernos a contemplar cómo todas esas emociones y pensamientos van y vienen, vivirlas en su intensidad, sin  aferrarnos a ellos.

Poco a poco, si nos habituamos a observar y permitir esos movimientos, sin tratar de arreglar nada, vamos descubriéndonos como la consciencia amplia en la que las cosas van y vienen, la experiencia viva y penetrante de todo, sin identificarnos con las reacciones emocionales, las sensaciones o los pensamientos que nos atraviesan. En otras palabras, dejamos de concebirnos como objetos víctimas de otros objetos y nos descubrimos como la luz de la consciencia que ilumina y los abraza todos.

Sólo desde esta experiencia de lo que somos, amplia, espaciosa, sin límites, esas frases que afirman que "Todo está en nuestro interior" son ciertas y su comprensión surge desde dentro como una evidencia.

Desde la identificación con un yo separado, que se cree un cuerpo necesitado de otros cuerpos, objetos, situaciones, para ser completo, esas frases no son creíbles ni reales. Y quizás sea mejor no recurrir a ellas  pues parecen invitarnos a pasarnos por alto nuestro malestar actual, a creernos poco espirituales por vivirlo o a sentirnos más limitados de lo que ya nos creemos al compararnos con otros que aparentemente  ya lo tienen todo dentro de sí.

Sin embargo, a través de ese malestar y contracción, la vida nos está invitando a reconocernos en nuestra verdadera naturaleza, como vida misma, como consciencia no limitada a un pequeño yo comprimido en un pequeño cuerpo, albergando emociones y pensamientos dolorosos que nos abruman al no conocer nuestra grandeza real.

Desde ahí, fundidos con lo que somos, la verdad surge con fuerza desde la profundidad del Corazón. Y nada ni nadie puede arrebatarnos nuestra íntima certeza.

viernes, 22 de septiembre de 2017

NO TENGO TIEMPO PARA MI




¿Te suenan estas palabras?
Hubo un tiempo en que se paseaban por mi mente y se expresaban surgiendo de un yo abatido por esa supuesta carencia del precioso don del tiempo. En espera de que la vida se dignara ofrecérmelo, me debatía peleándome por encontrar esos momentos que tanto bien me hacían.

Descubrí que me correspondía a mi procurármelos, priorizando esos espacios de intimidad con mi propia vida y respetando el anhelo silencioso de mi alma. Y así lo hice. Esos ratos que me dedico son una fuente de inspiración y nutrición ya ineludibles.

Poco a poco me di cuenta de que, a lo largo del día, había también muchas ocasiones, que antes se me pasaban por alto, para conectar conmigo misma: un encuentro que se retrasa, la espera de una llamada, un momento de agitación o dolor emocional que pide atención, un rato de camino hacia algún sitio...Y empecé a agradecer los atascos, las esperas, los retrasos, las tormentas... como oportunidades para unirme a la vida en mí.

Y de tanto frecuentarme, ahora comprendo mejor:
tengo todo el tiempo para mi. No un rato, no dos: TODO.
Estoy siempre en mi propia presencia, sumergida en mi propio perfume, saboreando mis propios detalles, inmersa en mi propia luz, la luz de la vida que me envuelve y me penetra constantemente.

Durante años creí tener que reivindicar espacios para respirar.
Ahora sé que soy respirada, nutrida y acariciada constantemente.
Me encanta levantarme muy temprano para disfrutarlo en el silencio del amanecer,o dedicar pequeños espacios en medio de  mi actividad para notarlo en profundidad.
Pero en todo momento, me dé cuenta o no, esa intimidad está ahí, subyace a mis movimientos, ilumina lo que voy viviendo llenándolo de su aliento.

La Vida SIEMPRE está presente, invitándome a sentirla.
Todo es " mi vida". Todo está ahí para mí.
Tengo todo el tiempo para intimar con ella.
No es algo que tengo que hacer. Es.
Tengo todo el tiempo, simplemente, para SER.


martes, 19 de septiembre de 2017

ESTOY DE MUDANZA


Hay dos modos de vivir:
desde la cabeza o desde el Corazón.
Pensando la vida y tratando de arreglarla
o abrazándola momento a momento, confiando en  LO QUE ES,
esa esencia poderosa que nos guía
tras las apariencias más confusas y cambiantes.

Hoy estoy de mudanza:
quiero instalarme en el Corazón.
Suelto las cargas y papeles que ocuparon mi mente hacedora
y descanso en la belleza del no saber,
en la paz de ser llevada sin esfuerzo.

Lo que queda es espacio, libertad, inocencia
y una íntima y poderosa confianza en la vida,
ese impulso que me lleva desde que nací
y que no precisa de mi esfuerzo
para irradiar a través de mi.



martes, 27 de junio de 2017


LA ATENCIÓN A LO PEQUEÑO






La atención dedicada a las cosas sencillas, a la vida simple de cada instante, además de despertar en nosotros el aprecio, nos ofrece el descubrimiento de lo que somos: consciencia que abraza.

Podría tratarse del sonido de las ramas de un árbol cercano, de la mirada de la persona que me atiende en la frutería, mi sensación de espirar en este instante, el azul del cielo, una molestia en el abdomen o un pensamiento que me atraviesa...cualquier cosa que aparece en mi consciencia ahora.

No existen cosas nimias ni cosas grandes. Sólo existe vida en constante transformación, manifestándose a través de apariencias muy diversas y, para la consciencia no hay separación ni categorías entre ellas.

Sólo contempla, abraza, permite…Por eso, no es determinante aquello en lo que ponemos la atención. Lo que está aquí, en la inmediatez de este instante, sea cual sea su naturaleza, es el punto idóneo de apoyo para despertar a lo que somos.

Sólo necesitamos quedarnos, entrar completamente en la experiencia de este momento, sin importar la forma que está adoptando.. Y contemplarlo desde la atención plena, el aprecio y la amplitud, sin necesidad de cambiarlo ni juzgarlo.

Como si, simplemente, encendiéramos la luz sobre  ese momento.

La atención plena a las cosas “pequeñas” de cada día requiere de nosotros familiarizarnos con ciertas actitudes vitales que sólo provienen de la consciencia:

-El detenernos en un instante, desoyendo la inercia del pensamiento que siempre corre hacia otra cosa. Esa detención supone un descanso que nos conecta con la infinita amplitud de la consciencia que siempre está en paz.

-El penetrar de atención todos los aspectos de una situación, sin discriminación como lo harían los rayos del sol, es otro aspecto de la consciencia que va más allá del pensamiento categorizador y selectivo.

-Permitir, aceptar, dejar que todo sea sin juicios limitantes sobre nada, dar espacio…

Al practicar estas actitudes, poco apoco nos vamos reconociendo como lo que somos, más allá del pensamiento que nos limita y empequeñece.

Cuanto más “pequeñas” son las experiencias, cuanto menos llamativas para el ego, más espacio abierto queda en torno suyo, y más grande es la oportunidad de reconocernos  en él. Ese es el regalo de lo pequeño, de lo cercano, de lo que el ego desprecia. No nos acapara la atención en su desenvolvimiento o en su forma, sino que deja mucha amplitud en la que descansar.

domingo, 25 de junio de 2017



RENACER EN UNA SALA DE ESPERA




Y después del maravilloso vuelo, el aterrizaje.

Esta mañana pasé cuatro horas sentada en la sala de espera de un hospital. Una rodilla dolorida por un desgarro me empezaba a preocupar. La había forzado demasiado escalando una montaña durante mi viaje a Vietnam y no parecía mejorar. Después de unos días difíciles, con la sospecha ya de una lesión  importante, decidí que lo mejor era buscar el diagnóstico de un profesional. Lo que suelo evitar de mil maneras esta vez parecía necesario.

Una vez allí, rodeada de rostros sufrientes, me senté junto a mi compañero a esperar.

En seguida, mi mente entró a funcionar en piloto automático:
"¡Cuánto tardan en llamarme! ¡Qué mal funciona el sistema sanitario! ..."

En el panel iban sucediéndose las llamadas a otras personas que habían llegado después, y cada vez que sonaba un aviso para alguien (que no era yo) mi pequeña mente se impacientaba, generando tensión en mi cuerpo. A medida que pasaba el tiempo, observaba cómo los comentarios se recrudecían haciéndose ansiosos y repetitivos:
"¿Aún no me toca a mi? ¡Vaya domingo desperdiciado! ¡No tendría que haber venido!..."
El dolor de mi pierna también aumentaba, mientras buscaba cómo elevarla y estirarla difícilmente valiéndome de dos asientos.

En uno de estos momentos, en medio de esas voces agobiantes y cansinas que me contraían, algo me detuvo.

"¡Eh, despierta! Vuelve aquí!"
Se hizo el silencio en mi interior.

En un instante me di cuenta: Llevaba un rato perdida en mis pensamientos. Me había ido de este lugar, de este momento, buscando el siguiente, ése que mi mente creía que tenía que llegar para que, por fin, todo estuviese bien: el de la llamada a la consulta del médico. Y claro, según ella, como no llegaba, no podía estar en paz.

Sonreí en mis adentros. De nuevo la locura, de nuevo la evasión del presente tirando de mí con argumentos poderosos. Los mismos que, seguramente, se paseaban por las cabezas de muchos de los presentes en la sala.

Y ahí estaba, fresca y luminosa la invitación:
"¿Y si te quedas aquí? No existe otro momento más que éste, no lo desperdicies. Tu vida es ahora, con toda su riqueza disponible para ti, disfrazada de una situación aparentemente indeseable."

Aterricé, y esta vez, de verdad. Sentí el asiento que me sostenía y dejé que mi cuerpo se ablandara sobre él. Sintonicé con el ir y venir de mi aliento, que se había quedado algo retenido y lo sentí liberarse al espirar con suavidad. De un plumazo reparé en los sonidos que me rodeaban, el aire fresco que rozaba mi piel. La luz del sol de la mañana inundaba ya la sala acariciándolo todo. Volvía a mi hogar, al presente.

Un impulso de atención y hermandad se despertó en mi corazón hacia todos aquellos seres humanos cuya compañía la vida me estaba regalando. Algunos se sentaban cerca, otros pasaban en camillas o sillas de ruedas ante mi. Tantas expresiones de humanidad, tanta belleza que mi mente estaba desperdiciando, tanta vida allí, disponible que me estaba pasando de largo preocupada por una llamada que nunca se producía y que me salvaría de mi malestar.
Me dí cuenta con una claridad desconocida de lo egocéntrica que es la mente pequeñita, incapaz de mirar más allá de sus pequeños intereses.

Las posibilidades se abrían...Reparé en la hermosa posibilidad de compartir vida con mi compañero. Raras veces pasamos tanto rato juntos y me estaba yendo de su lado mentalmente, agobiada por la situación.
El agradecimiento que sentí instantáneamente por estar allí con él me hizo evocar tantas otras escenas de nuestra vida compartida en las que he contado con su apoyo incondicional y sereno.
Hablamos de ello, recordamos con aprecio situaciones valiosas que , a veces, quedan olvidadas.

Y, como suele suceder, cuando el agradecer se asoma, la consciencia se inundó de más y más motivos para honrar este momento que, por un rato, mi mente había considerado un
obstáculo para mi felicidad.

Al final, claro, me llamaron a consulta. Al levantarme del asiento mi pierna no me dolía. Había entrado en el hospital arrastrándola con pesar y ahora caminaba ligera al encuentro del médico. Incomprensible, pero cierto. 

Y, para culminar, su diagnóstico fue estupendo. Nada grave, nada de qué preocuparme seriamente. Un pequeño esguince que pronto estará curado.
Todos mis temores no habían hecho sino generar un sufrimiento innecesario sobre el dolor natural que sentía. La resistencia de mi mente, que no quería estar allí, había incrementado el malestar enormemente.

Salí del hospital renacida.







jueves, 22 de junio de 2017



VIETNAM





LA BELLEZA DE LO SIMPLE





Desde muy pequeña me sentía profundamente atraída por los paisajes y rostros de Vietnam.Una incomprensible ternura se despertaba en mi al contemplar las expresiones serenas y limpias de sus gentes, las sonrisas tan genuinas de los niños.

La cultura de lo simple y delicado, la atención a los detalles, la conexión con la tierra y la apertura que intuía en sus corazones me invitaban a conocerlos de cerca.

A través de los escritos de Thich Nhat Hanh, uno de los más valiosos inspiradores de mi vida, podía evocar la belleza de los caminos entre los arrozales y la sencillez de la vida de los campesinos. La invitación a acercarme crecía en mí. Me imaginaba paseando por esas sendas inundadas de sol y sintiendo la bondad de la tierra bajo mis pies descalzos.

Hace unas semanas, surgió la oportunidad y, sin pensármelo mucho, me decidí. Me recuerdo saltando por casa como una niña momentos después de reservar mi vuelo. Yo misma estaba sorprendida de verme tan entusiasmada...

Me iba sola. Cada año me reservo unos días de retiro, muchas veces en silencio, para conectar conmigo en la intimidad. Este año me apetecía hacerlo de modo itinerante.
No quería viajar mucho ni ir corriendo para conocerlo todo. Así que decidí repartir mis días allí entre dos regiones principales por las que pasear, sentir, y descansar en profundidad, sin pretensiones turísticas.

La isla de Cat Ba fue mi primer destino. Desde allí, compartiendo barco con un grupo de viajeros como yo, recorrimos el archipiélago de Lan Ha, aproximándonos a la parte menos turística de la Bahía de Halong. Nadar entre esos islotes salvajes, en medio del silencio de la bahía, fue una bella experiencia compartida.

Después de varios días en la isla, enamorada de la belleza de sus gentes, viajé a la región de Mai Chau, un inmenso valle rodeado de montañas poderosas en el que se asientan diversas aldeas. Varias culturas indígenas se reparten en ellas. Compartir sus modos y costumbres, contemplarlos trabajando, escucharlos cantar y observar su profunda conexión con la tierra, con los animales... era un regalo cotidiano para mi alma.

No había nada más importante que ESTO. Nada más trascendente que AQUÍ. La experiencia del presente me era ofrecida como una invitación a cada paso, en cada gesto.Eso me ha regalado este viaje: el aprecio de este instante, el lugar donde la vida me lo está dando todo.

No es necesario ir a Vietnam para vivirlo. La experiencia está aquí, siempre disponible. Pero la vida parecía ofrecérmela esta vez envuelta en estas formas bellas y entrañables que han acariciado mi corazón.

Os dejo estas imágenes como recuerdo e inspiración. La música que acompaña (Metamorfosis) es un tema de Ángel. Jose Manuel se ha encargado de unirla con las fotos que les iba enviando. Espero que os guste.

jueves, 9 de marzo de 2017

VIDA HUMANA


1. Algo sucede.


2. No significa nada.


3. Fabrico una historia dándole significado.


4. Mi vida empieza a girar en torno a esa historia...Sufro.


5. Me doy cuenta. Decido soltar la historia y ver la realidad.


    ¡Uff, qué alivio!. Carcajada cósmica. Paz.

jueves, 23 de febrero de 2017

La verdad de la meditación





La verdad de la meditación
es muy diferente
al sueño de la meditación. 
A menudo entramos en meditación
esperando felicidad, alegría, paz eterna,
el fin de todo dolor. 
Pero la meditación contiene su propia inteligencia,
su propio camino.
A veces la duda, la tristeza, incluso la decepción
quieren bailar con nosotros durante la meditación. 
Déjalos pasar. Hazles un lugar. 
Deja que la meditación sea un gran campo
en el que TODO pensamiento, sonido, sensación,
urgencia, impulso, fantasía,
sea bienvenido a entrar, permanecer por un rato, y desaparecer. 
Deja que el sueño de la meditación se rompa en mil pedazos.
Deja que los planes se vengan abajo.
Deja que las expectativas se desvanezcan. 
Deja que la meditación sea lo que es:
un espacio que lo acoge todo,
una inmensidad que permite todo,
tal y como el cielo permite el clima,
tal y como el Sol brilla
en las ‘buenas’ y en las 'malas’ por igual,
indiscriminadamente,
ofreciendo su Luz gratuitamente. 
El sueño de la meditación es el control;
la verdad de la meditación es el amor. 
- Jeff Foster

miércoles, 15 de febrero de 2017

AMARNOS



Amarnos de verdad sólo es posible cuando tenemos una experiencia clara de que no somos esa  persona limitada y carente que habíamos creído, sino una consciencia amplia, que todo lo abraza y sostiene, incluso a esa misma persona  insatisfecha que siempre busca mejorarse.
El encuentro con lo  que somos realmente es la única garantía de conectar con el amor del que nos parece habernos alejado y que es nuestra esencia. Para recordarlo necesitamos aquietarnos, detener el ritmo vertiginoso que nos ciega y cultivar una maravillosa herramienta: la atención.

Pausas, muchas pausas, espacios en los  que nos detenemos a honrar lo que está apareciendo en nuestra vida ahora mismo. Momentos en los que nos decidimos a recordar lo que somos de verdad, en lugar de confundirnos con lo que vemos, pensamos o sentimos.
Darnos espacio y tiempo (sea cual sea su extensión) es la forma más básica de autoestima que conozco. Y la más desconocida para el pequeño yo hacedor, que en su búsqueda constante de otra cosa rechaza la quietud.

Permitírnosla es una decisión radical que nos sitúa directamente en el camino del verdadero amor.
Al contemplar nuestras sensaciones, nuestro respirar, nuestros sentimientos, nuestras necesidades ignoradas... nos damos cuenta de que podemos abrazarlas, permitirlas y aceptarlas. Así, empezamos a descubrir que somos capacidad  para todo, amor para todo.
La autoestima verdadera, tal y como yo la comprendo, surge del contacto con esa naturaleza profundamente amorosa que es NUESTRA ESENCIA.

domingo, 1 de enero de 2017





La VIDA que amo,
silenciosa y sin eco,
vive apasionada en una aventura íntima y profunda:
el feliz descubrimiento de la luz que brilla
bajo la solidez aparente de las formas.

La VIDA que yo amo no ve diferencias:
mientras observa el ir y venir agitado de la superficie,
sonríe al contemplar lo que nunca se movió y la sigue sosteniendo

La VIDA que yo amo tiene tiempo para todo:
enamorada de cada paso, de cada sorbo, de cada respiración ,
vive dejándose acariciar por todo lo que toca.

La Vida que yo amo descansa en este instante eterno,
ha soltado la búsqueda cansina por los mundos externos
y juguetea retozona dejándose amar en su verdadero reino,
su hogar inmenso, que ya no quiere abandonar.

La VIDA que yo amo,
invisible a los ojos,
es contemplada con infinito amor
por todo el Universo



Es la Vida que te deseo y me deseo,
la que ya es nuestra desde siempre,
la única que podemos compartir
desde el CORAZÓN.

¡FELIZ INSTANTE,
SIEMPRE NUEVO!